Terapia Floral para Animales. Experiencias.

 Boira era una cachorrota mastina nacida junto a sus hermanos de una madre que vivía asilvestrada en el bosque. 

Voluntarios de protectora enseguida dieron el aviso de esta madre que habilidosamente había criado a sus pequeños inculcando la ley de la supervivencia con muchísima eficacia. Tanto, que les costó a los voluntarios semanas y muchos esfuerzos para lograr agruparlos, sobretodo a la madre, para llevarlos a la protectora donde recibieron atención veterinaria, alimentación, un entorno mas seguro y la posibilidad de ser adoptados para una mejor vida.

Pido disculpas si todos los datos de su historia de antecedentes no fueran exactamente asi, pues en estos casos, son tantas las personas que se implican, que con exactitud suele ser difícil saber todos los datos, pero mas o menos, esta fue la versión que a mi se me contó. Puesto que yo conocí a Boira cuando ya tenía casi 2 años.

Según me dijeron, Boira entró en jaulas junto a su madre y hermanos y todos fueron adoptados. Ella, probablemente la mas miedosa, había quedado sola en aquel recinto compartido con otros tantos mas de animales sin hogar. Cada uno con su carácter y su historia. Boira era una perra que a pesar de su enorme tamaño contenía un corazón muy sensible, muy miedoso. Que evitaba los enfrentamientos y facilmente quedaba sometida a los grados de ansiedad que la mayoría demostraban.

 Y encima se habia quedado sin su "manada familiar", que era lo que de algún modo le aportaba la seguridad que necesitaba en ese extraño mundo de humanos que no conocía.

Un buen día, algún voluntario observó que Boira se arrinconaba en el fondo de las jaulas, desconectada y sumida en un estado de tristeza. Reconocieron que entre tanto animal, y en sitios así donde faltan manos para tanto trabajo, humanamente es fácil que pase desapercibido el perrito que menos se hace de notar, pues siempre hay otros que demandan en primera fila y no dejan ver a esos otros que se aislan.

Según tengo entendido, había enfermado de Leishmania, tenía diarreas, había dejado de comer y su actitud era además del miedo, de desconexión total. Claramente... Boira se estaba dejando morir.

 Ante la urgencia, pidieron ayuda para ser llevada a una casa de acogida y asi poder ser atendida mas individualmente.

 Aquí apareció Greta, una chica con un instinto muy desarrollado con los animales, que le ofreció incondicionalmente su casa, sus recursos, su paciencia, su inteligencia y todo su cariño.

Boira era pellejo y costillas, una perra que tendría que pesar entre 20 y 30 kg apenas pesaba 10.

 Greta, una chica menudita se las vio en muchas muy crudas cuando tocaba pasearla. Una perra que entraba en pánico si quiera para meterla en un ascensor, o para bajar unas escaleras o para que atravesara el arco de una puerta. Una perrita que tuvo que colocarle doble arnés porque al mínimo ruido de coches, de personas caminando, de algún niño, alguna bicicleta, cualquier elemento extraño....luchaba y salía en estampida hasta el grado de que en alguna ocasión Greta fue arrastrada por los suelos como un husky con un trineo. Greta limpió muchos vómitos y diarreas, la inundó de cariño y tremendas charlas argentinas. Pero Boira no parecía reaccionar pese a que era tratada por una extraordinaria veterinaria que no solo curó sus males físicos, sino que además la trataba con medios holísticos como la homeopatía y las flores de Bach. Sin embargo, los meses iban pasando y la progresión parecía estar completamente estancada.

Fue entonces cuando Greta y yo nos conocimos. Y allí estaba yo, tirada en el suelo, mirando a una enorme perrota con los ojos extraviados y que no era capaz de salir a la calle sin sentir que "iba a morir de un momento a otro"

Boira por entonces, había recuperado peso y Greta aseguraba que lo que yo estaba viendo no era nada comparado a como le llegó a ella. Pero estaban en un punto en el que la casa de acogida se estaba eternizando y Boira así jamás podría tener oportunidad de ser adoptada o por lo menos tener una existencia sin aquel sufrimiento.

Mi dedicación voluntaria solo pudo ser de ir un día por semana, los domingos que era mi festivo.

Boira ni me miraba, no reaccionaba a mis caricias, ni a la voz. Parecía como si su forma de protegerse fuera directamente "no existir".

Greta bromeaba siempre diciendo que a veces la llamaba lechuga, dando a entender que estaba asi de inexpresiva ante la vida.

El primer día preparé una buena mezcla de flores que pedí a Greta que empezara a darle sin pedirle nada mas por su parte, solo las flores. Que hasta eso le parecía una invasión, simplemente ponérselas en sus encías y Boira buscando mesas donde esconderse o rincones para evitar.

Paso la primera semana y Greta ya empezó a darme algún detalle que me indicaba que "algo" muy mínimo parecía estar moviéndose. Por supuesto, ninguna certeza, pues Greta siempre estuvo estimulando incansable en su día a día y esos momentos de mejoría podían atribuirse a cualquier casualidad.

Al siguiente domingo tomamos la determinación de probar a Boira en la calle. Mil precauciones para evitar huidas peligrosas. Nos armamos con otro bote de esencias (homeopatías tambien) y con una jeringuilla íbamos ambas dando chupitos cada dos pasos logrados. Boira me mostro aquel día el nivel de desesperación y pánico con el que convivía. Bajar en ascensor, llegar a la portería y notar su incremento de tensión. La pena no podía frenarnos... salimos a la calle y allí vi como sus ojos se desviaban mas y ella pegaba su cuerpo a las paredes buscando un refugio que no encontraba.

Decidí que nos dirigiéramos hacia algún recinto mas cerrado, mas cubierto, Greta nos llevó a una placeta entre edificios, como un patio interior entre bloques de pisos. Insistíamos constantemente con las flores, cada minuto, como un suero de urgencias para ayudarla a soportar. Y pedí a Greta y otra chica que nos acompañó que la hicieran andar y andar, que no parara de caminar, hicimos círculos por aquel patio, turnándonos todas y notando como Boira iba soltando aquel acumulo de energía ansiosa.

Aquel día me costó una lumbalgia importante de hacer tantos esfuerzos tirando de ella cada vez que se clavaba y renunciaba al movimiento.

Ya el regreso fue algo distinto y asi acabó aquel domingo.

De nuevo, durante la semana revisábamos avances, la valoración seguía siendo mas o menos igual, quizá algún otro pequeño cambio sutil, pero nada claramente visible.

Seguí haciendo combinaciones de flores, íbamos trabajando "capas de cebolla" que habían ido cubriendo sus mas primitivos miedos de supervivencia. Eso, junto a algunas instrucciones de etología aficionada y que todo sea dicho, de no haber sido por la disciplina de Greta, su constancia y su claro conocimiento animal, es seguro que en manos de otro cuidador menos experto o mas condescendiente, hubiera sido un  completo fracaso.

El siguiente domingo nos atrevimos a buscar un recinto aún mayor, donde la íbamos a exponer con mas personas y más animales. Un corre-can enorme en una zona mas campestre, donde ella podía conectarse con el olor de los árboles y todos esos recuerdos que en otro tiempo fueron su hogar.

 Allí Boira se sintió mas feliz, claramente su mundo fue siempre el bosque y la naturaleza. Pero su destino había sido convertirse en Mooglie en la ciudad. Y demostrar que no importa lo que ocurra en nuestras vidas, lo importante es como reaccionamos ante ello. ¡Asi funcionan las flores! 

Las siguientes semanas Boira iba ganando tranquilidad en sus rutinas y Greta lograba hacer paseos cada vez mas largos y seguros con una perrita que comenzaba a agradecer las caricias y su mirada se iba centrando.

Boira llegó a venir a mi trabajo a visitarme que estaba en la otra punta del pueblo. Todo un reto para ella. 

Y con el tiempo, aunque yo misma me llegué a plantear adoptarla, otra voluntaria de la protectora que conocía su trayectoria, decidió adoptarla para vivir para siempre junto a sus animales. 

Boira tenía un corazón de mastina, grande, enorme y bello. Pese a su sufrimiento, jamás hizo ningún ademan de defenderse.

 Es muy probable que Boira ya no esté en este mundo después de tantos años. Lo ultimo que supe de ella es que vivía plácidamente en un hogar rodeada de la naturaleza, libre y a la vez arropada por una buena manada. Ella siempre estará viva en mi corazón.

Unos años mas tarde, conocí a Monty, otro perrote asilvestrado en una situación muy similar. Gracias Boira, porque con lo que aprendí contigo, el mismo dia que conocí a Monty que llevaba atrincherado mas de una semana en el garaje del matrimonio que lo había adoptado, ese mismo día, Monty salió de su guarida y supero sus miedos en una semana. Otro grandote que nuestros primeros paseos con correa, que consistieron en darle la vuelta a la manzana a su nueva casa, el pobre se orinaba y defecaba de puro miedo. Monty vivió el resto de su vida felizmente integrado con este maravilloso matrimonio que le profesaron todo el amor inmenso que nunca había conocido. Monty vivió literalmente enamorado de su familia.








Comentarios